Cuando todos volvían

Cuando todos volvían

Cuando todos volvían-tumbonas

Me he ido de vacaciones cuando todos volvían y he salido a esperarte cuándo ya me habías dicho que no venías.

Así suceden las cosas. Casi ninguna pensada, la mayoría inesperada.

Han sonado las llaves de todas las puertas del vecindario, y no ha habido una sola que no haya pensado que ibas a ser tú.

Me has dicho que no venías, pero mi cabeza ha decidido que eso era una trampa y que sí ibas a venir.

Y sí, la máxima trampa es la que estaba creando mi mente. Y sí, la he seguido y la he creído. He dado toda la credibilidad a unos pensamientos que eran contrarios a tus palabras y me he quedado tan ancha.

Ancha hasta que ha ido pasando el tiempo y la puerta no se ha abierto. Ahí la anchura se ha transformado en largo. Todo el largo camino que he tenido que traspasar hasta aceptar que realmente no ibas a venir.

Todo lo que he encontrado en el camino, es un sinfín de palabras irrespetuosas que me he dicho a mí misma por crear un pensamiento al azar y seguirle a ojos vendados.

Entretanto, el cielo ha estado tronando, larga y profundamente, y el circo ha seguido intacto con su función.

Circo

No me he puesto una nariz de payaso, pero la verdad, no habría estado para nada en desacorde.

Esa es una, pero podría contarte mil. Mil formas de esperarte, mil formas de verte venir mientras tú caminas hacia cualquier dirección opuesta a mí. Mil formas de ir cuando todos volvían.

Puedo aplicarlo a una persona, a un deseo, a una alegría o a una caja de bombones. Y conste, que también me sirve para las penas.

Mi mente tiene invención para todo. Igual te monta un espectáculo de danza, que uno de claquet. Igual un drama que la comedia del año.

En fin, el control de mi mente en oposición al devenir de la vida.

Por suerte, lo que sí he hecho ha sido irme de vacaciones. Contigo, que ahí sí estabas. Y de vacaciones, los pensamientos también se relajan, se recuestan en una tumbona y salen a pasear. Y cuando vuelven son otros.

Vienen más libres y más lozanos. Casi irreconocibles. Con el rostro calmado y los músculos distendidos. Y ahí vamos más acorde con la vida y sus acontecimientos.

Los pensamientos se comunican con ella y son uno, y ya no te esperan si has dicho que no vas a venir, y me pongo la nariz de payaso si me dicen de esperarte.

Siempre lo digo y luego me contradigo, pero mientras no suceda lo contrario, me veo en condiciones de decir que este año sí. Me voy a tomar mis pausas, mis tiempos y mis dedicatorias. Me voy a creer a la vida y a mi cuerpo, más allá de mi mente, y por encima de mis posibilidades. Voy a hacer igual caso a tus palabras que a las mías, mientras me limito a ver las hojas crecer, caer y volar.

Este año sí. Este es el bueno, el de verdad.

Cuando todos volvían-chica estirada en una tumbona

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