El juego como la risa

El juego como la risa

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Ha llegado el calor, y dando un paseo, Carla y Daniel han parado a comprarse un helado. De stracciatella para ella y de chocolate con vainilla para él. Con el bochorno del mediodía, se han empezado a derretir y las gotas han ido resbalando por los costados del cono hasta llegar a sus manos.

Entre lengüetazos y una cucharilla de plástico, han salvado sus ropas y sus helados. No les ha ayudado a pasar el calor y encima les ha dado sed, pero ha sido emocionante esa especie de carrera entre sus conos y ellos.

Al terminar sus cucuruchos, han ido a jugar a ping-pong en una mesa que han encontrado con algo de sombra. No se puede decir que se les de bien, pero pelotean y se ríen juntos.

Por un rato parece que toda la vida sea un juego divertido en sus manos.

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Más que el partido, las risas han llamado la atención de un niño que se ha parado a mirarles. Se detiene a una distancia prudencial como para que no le venga una bola encima, pero tampoco nada le interrumpa la visión.

Ellos sólo esperan que no quiera aprender de su juego, ya que sino no va a saber devolver una pelota al campo contrario. En cambio, él les mira fascinado.

Su vista no pierde una bola, ni tan siquiera en las mil veces que han tenido que ir a por ella.

Carla y Daniel ríen más fuerte. Todavía pueden jugar algo peor bajo la mirada de un espectador que sólo tiene vida en los ojos.

La pelota va y viene, y en uno de los golpes va a parar a los pies del niño. Él se agacha rápidamente, la recoge y la deja en las manos de ella, que también iba en su busca.

Cuando todavía no le ha dado tiempo a darle las gracias, ya ha salido corriendo al encuentro de sus padres.

Siguen jugando ya sin ojos atentos, hasta que una pelota se les va tan lejos, que cruza la carretera y la pierden de vista entre los coches.

La ven correr, y como no tienen ni idea de a dónde ha ido a parar, la dejan y se van a dar un paseo.

Cada uno lleva su pala en una mano y van cogidos de la otra.

De repente escuchan a un niño que viene corriendo por detrás. Es el mismo que les observaba. Se acerca sin aliento pero con la bola que habían perdido entre las manos.

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Resulta que vio correr la pelota que ellos dieron por extraviada, y no dejó avanzar a sus padres hasta que finalmente la encontró debajo de un coche aparcado.

Ni siquiera dio por perdida esa pelota. El juego que ellos habían dado por terminado, ahora seguía vivo.

Carla y Daniel se miran sorprendidos.

Dan las gracias al niño, que como antes, ya ha salido corriendo, y entienden que la vida es de quien no se rinde. De quien va a buscar la bola allá donde haya ido a parar en el juego anterior.

El juego no se termina en la primera bola perdida. Siempre hay una nueva mesa donde parar a jugar.

A jugar y a reír. Porque el juego como la risa se contagia. El juego como la risa es sanación.

Niño-riendo

2 thoughts on “El juego como la risa

  1. Un relato lleno de alegría. Se trata de esto: de jugar, de reír y siempre seguir adelante. ¡Muchas gracias por estos momentos! ????

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