
Huellas

Estoy agotada de tanto andar, si no te importa te esperaré aquí, contando las huellas que dejamos al pasar…
Me acomodo en un banco. Considero que ya tengo edad suficiente como para poder hacer estas cosas.
No sé para vosotros, pero para mí, hubo una edad en que sentarse en un banco era cosa de mayores… Bien, pues estoy aposentada en uno de ellos.
El sol asoma lo justo como para dar calor sin quemar. Simplemente me dispongo al placer de descansar y ver la gente pasar. Me pregunto qué andarán pensando, qué tendrán planeado hacer después, qué huellas andarán dejando, o si estarán satisfechos con sus vidas.
Nada original, más o menos, lo que suelo preguntarme a mí.

Les observo hasta que un pajarillo, que salta frente a mis pies cansados buscando migas de pan, me distrae.
Su tamaño no parece ser un impedimento para él. En apariencia, nada da la sensación de que le inquiete. Exactamente igual que yo, que me sobresalta hasta un ruido poco más fuerte que el anterior.
Soy asustadiza, parece que me diera miedo hasta poner los dos pies a la vez en el suelo. Quizá por eso me gusta correr.
Correr hace que me sienta libre, fuerte y feliz, y todas esas sensaciones en un mismo envoltorio, me hacen sonreír y sentirme más firme.
Pasan un par de señoras hablando y riendo escandalosamente, me sobresalto por mi tendencia a alarmarme, de nuevo me sacan de mis pensamientos.
Vuelvo.
¿Qué les hará sentir a ellas fortalecidas?
Salto como el pajarillo de un pensamiento a otro, hasta que caigo en la cuenta.
¿Cómo se llamaba aquel profesor? ¿El que nos enseñaba a ponernos pequeños objetivos, hasta llegar a un objetivo final?

No me viene su nombre a la memoria, pero recuerdo que al escucharlo algo se movía en mí. Temerosa como era y sigo siendo, quedaba fascinada ante la convicción de sus palabras.
En mi interior sentía que algo se desplegaba para recibir sus enseñanzas, para dejar sus huellas.
El ego, decía, el ego nunca tiene suficiente, debe ir en el asiento de atrás. Que no marque él vuestros objetivos, porque serán los suyos y no los vuestros. Conectaros con vuestra esencia, que sea ella la que os guíe.
A veces, cuando eres niño, no comprendes el significado del lenguaje que te transmiten los adultos, pero algo en ti sabe que es valioso, y lo guarda hasta que llega el momento en que estás preparado para darles una utilidad. Entonces, el inconsciente te las devuelve.
¿Cuántas de esas palabras habrá aún cuidadosamente protegidas en nosotros?
De repente se ha girado viento. Me pongo la capucha para protegerme de él y enseguida te veo aparecer.
Me preguntas si tengo frío, te respondo que creo que deberíamos empezar a decir cosas valiosas a nuestros hijos. Aunque no las entiendan, continúo, ellos palparán lo que queremos decirles.
Verán en nosotros que es importante, y aunque un minuto después estén de nuevo levantando castillos de “Lego”, esas palabras dejarán huella y quedarán en ellos.

Me miras extrañado. Te explico lo que me decía el profesor del cuál no recuerdo su nombre, cuando aún no me sentaba en los bancos, y nos ponemos a hacer esa lista de pequeñas cosas que sí podemos hacer.

2 thoughts on “Huellas”
Sí, las palabras son importantes y se quedan en nuestra memoria hasta que llega ese momento en el cual tienen significado.
Me ha gustado mucho sentarme un rato en este banco antes de empezar la jornada. Muchas gracias!
Cualquier día nos sentamos las dos y le damos significados nuevos a las palabras. Gracias!