Salvadora de tinieblas

Salvadora de tinieblas

La maleta llena para las vacaciones de Aitana, salvadora-de-tinieblas

Suena el teléfono, es Aitana, amiga y salvadora de tinieblas mentales.

Hasta ese momento, el cielo se estaba despejando, al contrario de mi mente que hoy estaba algo nublada.

Había probado a meditar, comer, descansar, nada, no había manera de disolver esta niebla que cubría mi cerebro.

Nada, a excepción de una cosa. La llamada de mi salvadora.

No sé cómo lo hace, tiene un radar o algo similar, al que le llegan mis estados de alarma. Y que queréis que os diga, con ver que aparece su nombre en la pantalla del móvil, a mí, ya me basta.

Suena el teléfono, es mi salvadora-de-tinieblas

El caso es que ha empezado sus vacaciones, y ya que está saliendo el sol, me propone ir a pasar la mañana a la playa y a comer en un chiringuito pijete que hay frente al mar.

Ella ya está en el agua, le ha costado entrar algo así como dos segundos, mientras yo aún estoy con el agua por las rodillas.

La espero sentada en la toalla, hoy no estoy preparada para asumir el esfuerzo que me supondría bañarme, para mi gusto, está excesivamente fría.

Mientras tanto, pienso que si no me tumbo pronto, se me van a quedar las marcas de los pliegues de la barriga. E inmediatamente después me digo, ¿de verdad crees, que a alguna persona de todas estas que hay aquí, qué no son pocas, le van a importar tus marcas del sol?

 Toallas en la playa

Te veo volver, me explicas que al fin has logrado cerrar la maleta, que ya tienes a punto para irte mañana de vacaciones.

Con el sudor que cuesta vaciarla, y qué poco nos cuesta llenarla

Estás deseando despertar en el hotel, darte una ducha de agua fría, bajar a desayunar, y salir a cualquier lugar que no sean las calles de cada día.

Yo me quedaré cuidando de Vicky, su gata, que por lo que se ve no ha estado tan contenta como ella, al ver el equipaje preparado.

Le ha explicado que iré a ponerle comida y a estar con ella un rato cada tarde, pero que a cambio, estaría bien que fuese amable conmigo.

Pues aquí estoy, sentada en el sofá de Aitana. Llevo media hora y todavía no he visto a Vicky. Bueno sí, me ha visto entrar y se ha ido a esconder a algún rincón de la casa. No debió entender bien las explicaciones y se ve que no me esperaba a mí.

Quizá para una gata esto es ser amable.

Qué le voy a pedir, si yo salgo cada día de casa, con la intención de ser afable con la gente, y al primer imprevisto, ya no recuerdo cuál era el propósito que me había hecho antes de salir…

Para cuando vuelvo a recordarlo, ya ha pasado medio día, y a saber cómo he tratado a los demás.

Pues Vicky, no ha aparecido.

Al siguiente tampoco aparece.

El tercer día, voy con la intención de ponerle comida e irme.

Al meter la llave en la cerradura, me digo que quizá debería de ser yo quién fuese amable con ella.

A fin de cuentas, se ha quedado sola en casa, y es probable que tampoco acabe de comprender la definición de la palabra amabilidad, ni de “en cinco días vuelvo a estar contigo”.

Por enésima vez hoy, me recuerdo que voy a ser agradable, porque las dos echamos de menos a Aitana, y porque efectivamente, eso despertará mi comprensión.

Vicky, la gata de mi salvadora de tinieblas en el sofá

Diez minutos después, nos hemos sentado al sofá a ver un episodio de Friends.

Para cuando Phoebe estaba cantando “Smelly Cat” en Central Perk, se ha iluminado la pantalla del teléfono.

Era mi salvadora de tinieblas.

2 thoughts on “Salvadora de tinieblas

  1. En los días nublados, sentarse en el sofá y ver un episodio de Friends puede ser que no haga desaperecer la nube que tenemos en la cabeza pero ayuda. Y esa llamada amiga aún más. Gracias por estos momentos!

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