Almendro en flor

Almendro en flor

Almendro en flor

Hubo un tiempo en que tal vez las cosas eran más fáciles, pero no éramos tan felices. Aún no había llegado el momento de contemplar el almendro en flor.

No hace mucho, podríamos incluso echarlo de menos. O quizá eso lo haga esta lluvia de verano.

¿Lo recuerdas? Era un lugar cómodo, todo estaba rigurosamente ordenado, conocíamos tan a la perfección todos sus recovecos, que andábamos con los ojos cerrados.

Aquel paréntesis nos detuvo, y al parar nos dimos cuenta, de que a aquella casa le faltaba luz, le faltaba aire. Las ventanas daban a un patio interior, y en la cara opuesta a donde salía y se ponía el sol, tan sólo el primer rayo de la mañana, se adentraba durante unos minutos en nuestra sala de estar.

Recuerdo la música que escuchábamos allí, el lugar en el que nos colocábamos para recibir esa chispa de sol, y nuestros tuppers en el segundo estante de la nevera, ordenados y preparados por días de la semana, a punto para comer en el estudio.

El primer rayo de sol de la mañana en la casa anterior al almendro en flor

Fueron años bonitos, pero no nos sentíamos libres, ni plenos, ni satisfechos.

Nada nos dice por ahora, que aquí podamos quedarnos mucho tiempo, pero nos gusta este lugar. Todo encaja mejor, y a mí, personalmente, me fascina la luz cálida a ambos lados de la casa. Y el almendro. Qué decir de ese almendro…

Ya estoy deseando que llegue la primavera. No porque tenga prisa, pero imagino como ese tallo verde y liso, se irá transformando, agrietando y escamando.

Puedo sentir la mañana, en que al subir la persiana de la cocina, descubra su primera flor. Con sencillez, puedo saberme atendiendo, día a día, como en sus ramas se amontonan flores blancas y rosadas, que han esperado pacientes como yo, hasta llegar al preludio de la primavera.

Se amontonan flores blancas y rosadas

Esos brotes floreados adornan laderas, montañas, carreteras. Engalanan casas, casas como ésta.

Hacen más bello el lugar y los ojos de la gente que los observa. Cuando te sientas a contemplarlos, incluso te transforman el alma.

Si todo va bien, y en primavera seguimos aquí, enraizados tras el calor del verano, las mudanzas del otoño, y el frío del invierno, os invitaremos a subir cada día esa persiana, a tomar un café tras ella, o a leer un libro en su regazo.

Al subir esa persiana

No nos olvidaremos de recordar nuestra casa anterior. Respetuosos y agradecidos por el tiempo que estuvimos allí, el espacio que nos concedió hasta lograr aclimatarnos a este lugar, el hogar en el que siempre hemos querido estar.

Cada día que estemos aquí de vuelta, estaremos obligados a recordar, que nuestra presencia, debe ser como la de ese almendro en flor al llegar primavera.

Almendro en primavera

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