
Juntas

El despertador ha sonado rompiendo la noche y el sueño poco amable que me ocupaba. Anoche me acosté tarde y nerviosa y me costó dormir. Hoy vuelo a Grecia.
Voy con una amiga que es quien ha planeado el viaje. Yo sólo sé que allí alquilaremos un coche y recorreremos el país a lo Thelma & Louise. Con algún trauma, sí, pero con el poder que desprenden dos mujeres que sueñan juntas, como única arma.
Queremos aparcar nuestras rutinas y cerrar con llave las dudas que persisten a todas las tormentas. Queremos ser sólo nosotras en mitad de un país que no conocemos.
Acabo de recoger todas las cosas que quedaron por medio, y guardo los trastos de última hora que siempre ocupan más de lo que parece.
Mientras la veo venir me doy cuenta de que ha dormido tan mal como yo, pero igual, sonreímos emocionadas.
No recuerdo cuando fue la última vez que viajamos juntas. Los viajes entre amigas quedan reservados a una época que ya dejamos atrás hace tiempo, pero nos ha parecido que a pesar de los pesares, este era un buen momento.
Nos hemos permitido este viaje para celebrar nuestros 40. Las circunstancias no son sencillas para ninguna de las dos, pero tal vez no lo sean para nadie, así que subimos al avión como si al llegar nos fuese a esperar Meryl Streep para rodar una escena de Mamma Mia.

En la vida nos han pesado decisiones y malas conciencias. Seguramente hemos actuado más por los demás que por nosotras mismas. Hemos aparcado nuestras ilusiones por mucho más tiempo de lo que ahora aparcamos nuestras rutinas. Nos hemos conformado y en cierto modo nos hemos aparcado a nosotras mismas.
Llegamos al aeropuerto y no nos espera nadie, pero ya vamos en nuestro coche con las ventanillas bajadas, con el pelo despeinado y las risas en alto.
Y así, durante una semana vamos a dirigir nuestros propios días. Para coger ritmo, entender de qué se trata eso de llevar el mando y traernos los carnets de vuelta que nos permitan conducir nuestra vida. Tal vez no sea tan difícil sabiendo que podemos capitanear este coche en medio de un país que no conocemos.
Nos aprenderemos a nosotras mismas mientras recorremos estas vías, y quién sabe si a la vuelta luciremos algo de todo esto y perderemos el miedo a desmelenarnos y decidir cada día por dónde queremos conducir.

Por ahora, nos vamos a sentar a contemplar juntas el mundo desde aquí y dejar que esta calma nos acompañe.