Silencio

Silencio

Naturaleza-silencio

Le da los últimos bocados al sándwich mientras observa a su madre en silencio. Está sentada en la mesa y sus pies están agarrados con fuerza detrás de cada pata delantera de la silla. No va a caerse ni va a perder el equilibrio, pero igual se coge fuerte. No quiere marcharse. Si hay un lugar en el que quiere y siente que tiene que estar, es este, pero el reloj que tiene en frente no deja de acercarse a la hora en la que ya no puede esperar más.

Antes de salir se acerca a la butaca más cercana a la ventana, donde está sentada su madre, para despedirse. Ella, desde el asiento sonríe a su hija alargando el brazo para darle la mano. Sonia se estremece al sentir tanta debilidad. La mano de su madre cae sobre la suya como un pañuelo de seda. Deslizándose y perdiendo su forma, mientras en su pecho se desploma un peso que en un suspiro podría aplastar a tanta fragilidad.

Cuando Sonia llega a su lugar de trabajo todavía están las puertas cerradas. Se sienta en un banco que hay en la puerta a esperar que llegue el encargado, ya que ella no dispone de llaves. En ese asiento no puede ni quiere agarrarse a ninguna pata porque no le gusta que la vean allí, ya vestida con esa ropa de colores espantosos y la marca del supermercado bordada ahí donde hoy le pesa dejar sola a su madre. Si por lo menos esos hilos pudiesen sostenerle el corazón, tal vez le encontraría un sentido. Pero no, sólo le recuerdan el lugar al que cada día acude sin saber muy bien por qué.

Es domingo y eso significa que su jornada finaliza a las tres. Hasta esa hora va viendo pasar personas de todo tipo tras la cinta transportadora con las que intenta ser agradable, y cuando nadie la ve, mira el móvil de reojo por si tuviera noticias de ella.

Respira algo más tranquila cuando ve que no hay nada pendiente en la pantalla. Y es que a veces el silencio es la mejor noticia.

Aunque ya puede empezar a levantarse, su madre sigue sentada en la misma butaca. Todavía no se siente fuerte y no dice nada, pero le preocupa pensar que tal vez pueda haber perdido para siempre la vitalidad que la ha acompañado hasta justo antes de su recaída. Le inquieta eso y por encima de todo, que Sonia repare en su delicadeza. No quiere angustiarla, pero es que su hija no necesita de la palabra para saber que se mueve en el interior de su madre.

Y ahí la espera, hasta que llega del trabajo para sentarse con ella en el sillón de al lado, ya con el corazón algo más hilvanado sabiendo que queda tiempo hasta tener que enroscar de nuevo sus pies a las patas de la silla.

Sostendrá la mano y la fragilidad de su madre, ya en quietud por su presencia, y juntas y en silencio, sus debilidades serán fortalezas.

Madre-hija-silencio

En este momento no necesitan nada más que la compañía que se dan la una a la otra. Nada más que este silencio que las envuelve y les da un lugar en el que estar.

No saben que pasará mañana, pero esa es su fuerza ahora. La de Sonia, la de su madre, la de la unión y la atención que sólo ellas saben que les basta para afrontar este momento.

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