Motivos para la risa

Motivos para la risa

Motivos para la risa-Chica riendo

Hay tardes que sonrío mientras me como un helado de chocolate cerca del puerto, y por esa cosa mía de creer que siempre me voy a sentir como lo hago ahora, pienso que ya no me van a faltar motivos para la risa. Y es mentira, porque hay días que no los veo, y se me alargan como carretera monótona de noche, que nunca me lleva de vuelta a casa.

He caminado todo el día y he tomado más café del que debía. Por pura costumbre.

Quería sentarme en algún lugar al que no se atreviera a pasar este calor sofocante y me dejaran ir al baño, pero no quería nada, no sabía que pedir. Ahora lo que no sé, es cómo voy a dormir esta noche.

Me cuesta descansar en camas extrañas entre tantos sonidos y olores desconocidos.

Perdona, no sabrás de que te estoy hablando, porque no te lo he contado. Hace tanto que no estás, que a veces se me olvida explicarte algunas cosas.

Me he venido el fin de semana a Madrid, como solíamos hacer de vez en cuando. Para cambiar de aires y para que de paso se me airee la mente y esta manera tan insistente de pensarte.

Ahora estoy en la cama del hotel, a salvo de todas esas voces que gritan y se amontonan en el centro, pero no del escalón que hay en el pasillo, justo enfrente de mi habitación, donde golpean todas las maletas que lo transitan. Cada golpe me despista de extrañarte, hasta que las ruedas se van alejando hacia su habitación quedando tan lejanas como lo has hecho tú.

Pero no te creas, todavía puedo escucharte y reproducir nuestras conversaciones sintiendo el color exacto de sus tonalidades. Todavía he entrado a todas las tiendas contigo, y he sentido tu alegría trayéndome mil prendas, y queriendo que me las quedara todas porque, según decías, y a mi me parecía raro, todas me quedaban bien.

Motivos para la risa-Tienda ropa

A ratos me ha dolido la garganta y he querido llorar, y la verdad, creo que alguna lágrima ha caído, pero no te preocupes, aquí nadie me conoce y no se habrán dado cuenta.

De lo que sí me estoy dando cuenta, es de que la vida sigue en lo suyo. Persiste testaruda queriéndome absorber como si me bebiera de una pajita. A veces no me siento viva del todo, y parece que su misión sea mantenerme íntegra en todo momento. Incluso cuando mi corazón vuela en busca del tuyo, y se queda como ese globo que se escapa de una fiesta de cumpleaños, y ves volar por el cielo sin saber dónde acabará.

Motivos para la risa-Globo

Es como esas conversaciones que teníamos y que no lograba despistar. Te acordarás porque siempre, inevitablemente, terminaban en esas preguntas que me hacías y que por nada quería oír. ¿Cómo hacías para que nada te distrajera? Y a mí que cualquier mosca, avión, idea me distrae…

Pues eso, parece que me venga a buscar, y yo, que ya sabes, me cuesta decir que no, a veces acepto su invitación renegando y con mala cara por no escucharla más. Creo que sabrás de que te hablo.

Que quieres que te diga, me cuesta. Me cuesta coraje y me cuesta el ánimo porque me pesa este vacío al fondo del estómago. Pero salgo, pienso en ti y en cuando salíamos juntas, y salgo. Voy a pasear, o al cine, o quedo con alguna amiga, y me hacen reír.

Me gusta el sonido de la risa porque ventila los viejos recuerdos y los viejos andares que tantas veces nos llevaban a recorrer esta ciudad, a la que en verdad, debo decirte que no quiero volver nunca más.

Marcho de nuevo para ir a buscar algo de cena. No tengo ganas de mucho trajín, así que voy al supermercado a comprar alguna cosa que pueda llevar a la habitación.

Una ensalada con frutos secos y pan con queso, será perfecto para comer encima de este edredón blanco que espero no manchar, mientras veo cualquier canal de esa minúscula tele que cuelga de la pared.

Pongo una serie que no me interesa lo más mínimo, y me pierdo en el diálogo de la película que crea mi mente.

Es fácil vivir en la pena y te juro que a veces me duele reír, pero hay tantas ocasiones para hacerlo, que se me escapa, y a días me libero de la culpa que siento al vivir sin ti. Porque me gusta reír como cuando reíamos juntas y se nos hacía tarde. O como cuando te decía que me daba miedo el mar y me llevabas de la mano para no pasar del agua en las rodillas. O como cuando me veías angustiada y me contabas de carrerilla todas las cosas que debían rondar juntas por mi cabeza. Te las sabías de pe a pa.

Así me rio a veces. Tan fuerte que parece la risa de las dos. Y lo debe ser, porque de no ser por eso no estarías aquí. Y lo sigues estando, verdad?

Motivos para la risa-Dos mujeres

Dejo la habitación que me ha acogido y me ha dejado dormir en ella más de lo que imaginaba. Ayer me quedé dormida entre las páginas de ese libro que me tiene que hacer mejor persona, y no sé si así lo voy a conseguir.

Las ruedas de la maleta golpean al bajar el escalón. Me voy a pasear con ella para saber que realmente me despido de esta ciudad que es de las dos, y paro a tomar el último café.

Miro atrás antes de bajar las escaleras del metro, nuestros recuerdos no caben en esta ciudad. Mañana ya no estaremos aquí, pero nos seguiremos riendo en cualquier otro lugar.

Si algo tiene la vida, a parte de esos tropiezos monumentales, esas caídas abismales y estas pérdidas que nos silencian, son motivos para la risa. Para un café de más, un viaje distinto o una suerte grande.

Café

Grande como la que tuve al tenerte tan cerca y las mil veces que me enseñaste a querer. Como tantas cosas que nos hicieron reír, o como todo lo demás.

Ya sólo decirte, que espero que este vuelo de vuelta te lleve a una suerte tan grande como la mía.

Avión de papel

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