
Me despido

Hay personas de las que pasas toda una vida despidiéndote. Porque no puedes amarlas verdaderamente hasta que no aceptas que un día van a partir. Incluso hasta que no les perdonas que un día se vayan a marchar. Porque lo vivas o no, va a suceder y no querrías que eso llegase jamás.
Son personas tan importantes en nuestra vida, que paradójicamente no nos atrevemos a amarlas por miedo a perderlas.
Creemos que sí, que es un amor incondicional, pero lo cierto es que no.
Nos atemoriza la idea de vivir en su ausencia y el miedo es tan atroz que no acabamos de entregarnos a la vida.
Son parte de nuestro corazón. Morimos con esas personas y el simple hecho de pensar en la posibilidad nos deja huérfanos.
Vivimos con miedo. A la vida, a la dedicación, a dar a nuestros días el sentido que merecen, a hacer lo que hemos venido a hacer.
Vivimos con miedo. A la muerte, a la nuestra, a la de los demás, a la de esas personas que les otorgamos el sentido de nuestra vida.
Pero un día u otro hay que ponerse al frente de la vida, abrirse camino sin mirar a los lados y a lo que queda atrás. Hay que llevarlo en el corazón sin que sea una carga, sino más bien un acompañamiento y un motivo para mantenerse y perseverar.
Hay que perseguir los sueños porque es el único modo de ganar.
Para eso, antes se tiene que haber aprendido a amar. A los demás, a uno mismo, a la vida y también a la muerte.
Me despido de ti, no porque vaya a marcharme, sino porque voy a quedarme y voy a amarte.
Me despido de antemano, para poder disfrutar el camino contigo y darte el valor que mereces.
