
Yo quería ser actriz

Yo quería ser actriz, pero no cualquier actriz, quería ser, tipo Julia Roberts, y tener una casa con piscina en la montaña a la que ir todos los veranos. Y no sé, seguramente quería un montón de cosas más, pero ya las he olvidado y no me acuerdo.

No soy actriz, y no tengo ninguna casa con piscina ni sin ella. Vivo en un piso de ciudad y tengo una tienda de ropa. Todas las mañanas me levanto, me ducho, salgo a pasear a mis perros, desayuno y me voy a abrir la tienda. Tampoco visto a actrices, bueno sí, a las actrices que todos llevamos dentro, pero no, a la tienda entra gente del pueblo y de vez en cuando alguien que viene de fuera a pasar el día.
Yo hablo con todo el que pasa a echar un vistazo y quiere conversación. No porque me guste hablar, sólo por ser amable y porque estoy allí todo el día.
Soy de un modo u otro según quién tengo delante, y opino así o asá en función de lo que opine el de enfrente. No soy así fuera de la tienda, pero allí he aprendido que todos quieren escuchar lo que quieren escuchar. Todos quieren hablar con el tipo de persona que creen que es más guay que el resto.
Adopto todos los papeles como buena actriz que podría haber llegado a ser, y mientras tanto vendo un vestido o una falda o cualquier complemento para la temporada que esté por venir. Porque nos adelantamos a las cosas. Ahora ya buscamos ropa de manga larga y a la que sube un par de grados la temperatura ya sacamos los tirantes. Nos gusta tenerlo todo controlado y anticiparnos a las acontecimientos, a ver si por casualidad pudiésemos moldear la vida nosotros mismos a nuestra manera, y encaminarla hacia allá dónde nos parece mejor.
A estas alturas todavía no hemos aprendido que la vida va por libre. Que tiene y sigue su camino y que si algo tiene que ser, es, y si no, simplemente no es, y punto. Por más que nos empeñemos.
Pero bien, yo ya estoy vendiendo camisas de manga larga y algún que otro jersey por si refresca por la noche y foulards por si mañana amanece gris. Estrenar cosas a principio de temporada es lo más de lo más. Porque estrenas dos veces. Estrenas prenda e inauguras temperatura/estación del año y sales a la calle a hacer lo de cada día, pero ya parece que se huele distinto.

Luego ya nos cansamos, pero al principio del otoño sólo queremos al frío y al principio de la primavera sólo queremos al calor.
Yo me adapto a todos los caracteres, y cuando bajo la persiana tomo el mío de nuevo y no quiero encontrarme a nadie por la calle.
Soy poco sociable, pero el trabajo me ha hecho habilitar dotes que no sabía que existían.
Hoy es lunes por la mañana y la tienda está cerrada, así que voy a aprovechar para ir a la montaña con mis perros.
He cogido la ruta más cercana a casa porque se me ha hecho tarde y quiero estar de vuelta al mediodía. Los he dejado sueltos. Ellos van delante. Me van abriendo camino, y cuando ven que viene una bici miran atrás para que me ponga a un lado. Yo siempre les hago caso porque ellos son “normales”.
Quiero decir, que ellos no cambian su actitud ni su humor según quien se encuentren, y además, suelen tener un comportamiento similar de un día para otro. Exactamente igual que yo, que un día lloro en un rincón y al otro salto de alegría. Que un día no hay quién me levante y al otro no quiero entrar en casa…
Ellos no, ellos siempre tienen claro lo que sienten y no se olvidan ni se pierden en historias de la cabeza.
Cogen el camino de vuelta y yo todavía ando detrás.
Ya en casa, me preparo la comida, descanso un rato y me visto para volver a abrir la tienda, y volver a ser la actriz que pensaba que no, pero un poco sí soy.
Y en cuanto coja mis 15 días de vacaciones, me voy a un pueblo de montaña y alquilo un apartamento con piscina que admita perros, y sueños cumplidos.
Porque yo quería ser actriz, y eso es lo que soy un rato cada día.
