
Pétalos de rosa

Tus vacaciones son las mías. Aunque tengo trabajo, mi cuerpo se siente en descanso, estoy en modo “casi vacaciones”. Y es que una parte de mí, que eres tú, está relajada.
La otra a ratos se sigue estresando, pero se topa con la tuya, y se siente obligada a frenar para alargar el encuentro.
Me llega tarde la inspiración. Algo así como 20 minutos antes de plegar. Me apresuro. No querría llegar tarde a nuestra cita.
Cuando estás inspirada el trabajo sale solo. La mano traza líneas con el bolígrafo, sin tan siquiera saber que palabras está utilizando.
Será una sorpresa leerlo al acabar, y saber que ha escrito mi propio trazo.
No quiero decir que la sorpresa vaya a ser grata, pero siempre es una incógnita y por qué no, una posibilidad.
Bien, pues me apresuro con un ojo puesto en las agujas del reloj. Qué rápido avanzan cuando querría frenarlas… (otro día hablamos de las reglas del paso del tiempo). Hoy corren. Vuelan. Como pronto lo haremos nosotros.

Nos casamos. Contra todo pronóstico, y por seguir la línea, a toda prisa.
No lo hemos pensado demasiado, somos más de impulsos, esperamos que acertados.
Queda una semana. Está casi todo a punto. Casi todo menos yo. Me da la sensación de que el día va a llegar antes de que lo haga yo. Confío en entrar a tiempo, antes de que abandones el altar cansado de esperar.
Me sigo apresurando. Ya no entiendo ni las letras que escribo. Cada vez se parecen más a una línea recta. Acorto las palabras, y a su vez las alargo para hacer el menor trazo posible, y no entretenerme en los detalles ni en la buena letra. Me gusta hacerlo bonito, pero a veces es más importante llegar.
He ido a probarme el traje por última vez, no hacen falta más retoques. Sí, parece que voy a tiempo.

Me maquillo frenando el ritmo, estreno ropa interior y todo cuanto llevo puesto. Me preparo como nunca lo había hecho. Cojo el ramo, todo está listo.
A esta hora ya debes de estar en el altar. Ya la iglesia debe de estar cargada de cariño, de todas las personas que estarán allí.
Me miro al espejo por última vez antes de subir al coche.
Sí, estoy preparada. Ahí estás. Ahí estáis.
Definitivamente pongo el freno. Un escalofrío va desde la punta de mi cabello hasta la punta de los dedos de mis pies. Paro el reloj, vuelvo a dar forma a las palabras y a escribir bonito. Me acerco hasta ti abrazada por el amor de los allí presentes.

Ya no existe el tiempo. Me detengo. Dejo de escribir. Ni feas ni bonitas, ya no hay palabras. Empiezo a leer para comprobar hacia dónde me han llevado las líneas de mi mano.
Me han llevado a un “sí, quiero”. A avanzar hacia un compartir. Una lluvia de pétalos de rosa y granos de arroz, entre un aparador de sonrisas. Un porvenir contigo, un porvenir con vosotros.
Me han llevado a quedarme sin palabras, y a llenarme de ilusiones, a las que ya no les importa el ritmo al que avanza el tiempo.
