
Tomar decisiones

Cuando las cosas se complican, hay que tomar decisiones, y lo cierto, es que en momentos complejos, se suele dar con las resoluciones apropiadas.
Son esas situaciones en las que nos cuesta tanto dar un paso, que precisamos de ese aviso, prácticamente definitivo, para dejar de intentar, y pasar a actuar.
Ocasiones en que ya algo tiene que cambiar. Algo no puede seguir igual. Lo hayas decidido o no, toca moverse.
Nos podemos pasar la vida tanteando, pero es haciendo donde está el cambio, donde un pensamiento, pasa a ser un hecho. En este caso, hacer era parar, bajarse, incluso rendirse.

Capitaneaba un barco que a él le parecía inmenso, y se sentía fatigado. No sabía hacia dónde dirigirlo. O se echaba a un lado del mando o la embarcación acabaría naufragando.
No iba sólo, su decisión afectaba al resto de viajeros, pero a pesar de que las consecuencias no únicamente le influían a él, los demás aceptarían su resolución, probablemente, incluso la reafirmarían, anhelantes por sentir su calma.
Durante años pensó que atracar era perder, pero resultó que nadie ganaba ni perdía. Ahí, como en cualquier otro lugar, todos se movían según las indicaciones del mapa de que disponían.
Quién más, quién menos, abrió su guía para aprender a navegar, cuando el barco ya estaba en alta mar.
La mayoría no entendían de corrientes, de vientos, ni de distribución de pesos, y mucho menos, de predecir las condiciones meteorológicas.
La mayoría sabían de poner un pie delante de otro para ascender a la embarcación, y ya, cuando ésta comenzaba a zarpar, miraban como mantener el equilibrio para sostenerse en pie.

El caso es que el capitán ya había perdido la estabilidad. Se tambaleaba en exceso, y en el momento que avistó un cabo, no dudo en dirigirse a él.
Amarró, bajó la guardia, abandonó el barco de la misma manera que lo había escalado. Primero un pie, y después el otro, y dejó que siguieran sin él.
Su triunfo fue lograr descender a puerto sin caer.
Ha cambiado su traje de capitán, por unos vaqueros y unas deportivas para aprender a andar en tierra firme. Se maneja mejor con planos a pequeña escala, sin cargas pesadas, con retos asumibles.
No sabe si el barco regresará, tan sólo cree saber, que por ahora, no volverá a embarcar.
Llegarán épocas de inundaciones, pero en este momento no le asustan, se resiste a vivir con miedo. Cuando eso pase, desde este lugar y con su mapa actual, volverá a tomar decisiones.
