El lugar al que volvemos

El lugar al que volvemos

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Nos hemos roto por puro amor. Por esa pasión que nos otorgan los días de lluvia. Por ese sentir desproporcionado y ese querer estar bien, tan sólo si lo está el otro primero.

Mi cuerpo se ha resquebrajado viendo llorar al tuyo, y he querido quererte tanto que no he sabido cómo hacerlo. Se ha partido en nuestras manos y ante nuestros ojos el lugar al que volvemos.

Era fácil soñar, sentir nuestra unión a cada paso y ese colchón que nos sostenía y nos mecía en medio del caos. Era fácil ser siendo dos, era esa vida compartida que nos unía y nos nutría. Ese iglú en lo alto de la montaña que sólo nos permitía ver las estrellas de noche.

Demasiado fácil nos resultaba saber que juntos, era el único verbo que sabíamos conjugar. La vida, como nuestros cuerpos, se engrandaban capaces de cualquier cosa. No había locuras, ni saltos en la cama, ni cielos que no pudiéramos tocar.

Estrellas-en-el-cielo

Era fácil salir a bailar agarrados de la mano. Y la ternura que susurraba cada caricia. Ser faro en medio del mar.

Eran fáciles nuestros silencios porque hablaban sin tapujos, vaya si hablaban. De habernos escuchado, toda esa gente que nos rodeaba habría anhelado nombrar, y ser el lugar donde estallan, una diminuta parte de esas palabras que nos contábamos.

Era fácil, y sin embargo ha dejado de ser. Ya no es la vida que nos relatábamos, ni la que nos inventábamos, ni la que nos hacía apostar y arriesgarlo todo a una sola carta. Ya no es tan fácil decidir, ni reír, ni jugar.

De tanto calor el iglú ha perdido su forma y su razón de ser. Ahora que anochece, ya no hay paredes que nos resguarden ni cometas en el cielo.

Ya no es tan fácil, y sin embargo sigue siendo.

Todavía acuno el recuerdo entre mis brazos, y lo resguardo de la lluvia y del viento despiadado. Todavía es y seguirá siendo mientras el deseo de recordarte esté entre mis manos. Mientras siga rota en este afán de mantenerme viva, a pesar de la tragedia que supone que ya no sepamos conjugar ese, ni cualquier otro verbo.

A pesar de que hoy sea la tormenta y no el silencio, el lugar al que volvemos mientras aprendemos a resguardarnos de nuevo.

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He querido quererte tanto, que todavía me pregunto porque no he sido capaz de hacerlo.

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