Un buen lugar para quedarte
Me despierto con el primer canto de las golondrinas. Mi cuerpo, frágil, debilitado, se acelera ante el más sigiloso de los movimientos. Se altera ante el más insignificante de los sonidos. Y es que te has marchado casi antes de llegar. Casi antes de que canten las golondrinas y mucho antes de que se vayan al final del verano. Mucho antes de que esta casa sea hogar. Nos quería juntos en la inmensidad del sofá y de la noche. En…