Una vida sencilla

Una vida sencilla

Una-vida-sencilla la luna fina y brillante

Camina con calma. No le espera nadie. No hace calor ni frío, y le aplaca pasear bajo la luna. Una luna que hoy es una línea fina y brillante, que podría acoger y mecer entre sus brazos. Se siente en paz. Tiene una vida sencilla y amable que le basta y le sobra.

Nunca ha sido de caprichos ni excentricidades. Es más de detalles. De apreciar lo que tiene. De gestos pequeños y sonrisas grandes.

Es un ser enormemente emocional. Puede llorar con la nota de una canción, con una palabra que resuene en su alma o con una mirada transparente.

Sin embargo, en su vida, luchó por mostrar una entereza que le mantuviera firme y sólido. Por ser el hombre fuerte y disciplinado que creía que debía de ser. Era de apariencia dura, de semblante serio.

No es que las heridas no le escocieran. Lo hacían. Se le inflamaban. Pero maduraban siempre del otro lado de la piel.

Con el tiempo empezó a necesitar menos de su semblante, y a amar más lo que tenía. Y lo que tenía más allá de lo aparente, eran sus cicatrices, heridas como barcos naufragados, como puños de hielo, y un faro en su corazón que había dejado de iluminar.

Esa noche, después de años, dejó salir a las embarcaciones y puso la torre en funcionamiento para que las guiara.

Navegaron toda la noche entre la oscuridad, y cuando las empezó a iluminar la luz del amanecer, el faro apagó de nuevo. Cada uno de los buques siguió su marcha de vuelta a su lugar de origen.

El faro

Anduvieron en calma, sintiendo la comprensión y la compasión que les transmitía esa luz que había llegado a su interior. El calor del sol hizo que el hielo que las mantenía agarrotadas, fuera fundiéndolas y poco a poco integrándolas con su cuerpo.

Y a su vez, se ablandaba la dureza de su ser, se restauraba la emotividad que hoy no le da pavor mostrar.

Hizo las paces con los sucesos de su vida. Una vida sencilla que hoy le acompaña a pasear bajo la luna, porque ya no le da miedo la negrura de la noche.

Aprendió a poner luz a la oscuridad, aprendió a respetarse y perdonarse.

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