Como una bici sin frenos

Como una bici sin frenos

Como una bici sin frenos que ha caído al suelo.

Se embaló. A la que vio que los días empezaban a hacer cuesta abajo, se dejó llevar como una bici sin frenos y en bajada. No estuvo a tiempo de ver el agujero, y la rueda delantera se coló en él.

Hizo una voltereta hacia adelante y la bicicleta salió disparada. Le costó recuperar el norte y ponerse en pie.

Así que la subida le pilló desorientado, con los músculos doloridos, y la bici a cuestas.

Como una bici sin frenos con la bici a cuestas

Cambió de marcha antes de aprender a frenar.

Eso lo sabe ahora, que ha visto salir el sol entre nube y nube, y se ha sentado a tomar un descanso.

Ha aprovechado para atarse los cordones de las zapatillas y examinar a los niños que van sobre ruedas. Ellos van a toda prisa, y si se caen, se vuelven a poner en pie, y aquí no ha pasado nada.

No parece difícil en absoluto, pero él ha cogido miedo a las bajadas y a la vida. Ha cogido miedo a ir como una bici sin frenos. Y tampoco es que sea tarde, pero está desanimado y todavía desconcertado.

Ahora, cuando los días cogen velocidad, no sabe detenerse, y la grava se vuelve una pista de patinaje. Y entre patinar o ir en bicicleta y en bajada, se sienta a ver la vida pasar.

Mientras tanto, se entretiene recogiendo su pelo largo en una coleta que hace y deshace, y no consigue más que hacerse nudos en el pelo.

Se le enreda. Se le lía como la vida cuando se hastía, y es que la vida no está hecha para aburrirse.

No nos vamos a engañar, ver conducir a los demás está muy bien, pero el banco empieza a agobiarle.

Y ya que le pilla con filosofía, con las bambas recién anudadas y el pelo recogido, piensa que podría intentar comprarse unos patines o unos ruedines, y subirse a hacer rodar los pedales.

Con los días ya logrará mantener el equilibrio. Cogerá soltura, y si se embala y se cae de nuevo, alguien habrá sentado mirando como se levanta, y aprenderá de él a coger las cuatro ruedas de nuevo.

Que la vida está hecha para bailar, para cantar, para llorar, para aprender.

Para escuchar a Rihanna mientras va en bici, en patines o en lo que le apetezca, pero no para aburrirse y menos para rendirse. No para sentarse y ver las oportunidades pasar.

Disfrutar la vida.

La vida está hecha a mida incluso cuando parece que va grande. Está hecha para subirse a ella y pedalear con fuerza.

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