Brillar

Brillar

Niña-con-antifaz

Por las noches llega tarde y cansada. Sin ganas de brillar, sin hambre para cenar, sin excusas que cubran su remordimiento de llegar tan a deshora un día más.

Se sienta en el sofá queriendo cubrir el espacio que tantos ratos deja vacío. Él no dice nada, sólo la acoge entre sus brazos y deja que repose en su pecho.

Ella tampoco nombra palabra hasta pasados unos minutos. Todo lo que alcanza a pronunciar, es que se siente mal. Se decepciona a ella misma por querer estar en todas partes y no estar en ningún lugar.

Por no estar allí. Por salir a luchar en todas las batallas y pretender llegar donde no llega nadie. Porque tiene la sensación de que todos la esperan para solucionar sus embrollos y reparar sus destrozos.

Siempre ha dicho “sí” cuando la llaman, y ahora se considera parte de ese entramado al que ya no cree saber decir “no”.

No es guionista, no hace brillar los focos ni puede cambiar el curso de las cosas, pero se siente responsable de lo que ocurre a su alrededor.

Es más que probable que todo suceda de la misma forma con, o sin su presencia, pero cree que podría parar los golpes de balón que dan a otros. Sería capaz de ponerse una capa y un antifaz y proteger a quien lo necesite, de la caída de cualquier objeto doliente.

Brillar sin-capa

Se piensa culpable si llega sin tiempo de echar una mano, cuando ya todo ha pasado o cuando el argumento ha terminado.

Dice que se siente mal. No es su labor, no ha venido a socorrer a nadie ni a ser una heroína, pero se nombra atrapada entre la salvación de los demás y la suya propia.

Mientras tanto, él cierra los ojos para sentir su respiro en el pecho y dejar que cale su presencia. Suspira y todo cuanto sabe decir, sin pretensión y comedido, es que tal vez la haría sentir mejor, encarnar el papel de su propia vida.

Como un dardo que da en el corazón de la diana, se desmorona su creencia de poder avanzarse y detener cualquier golpe ni caída de la trama de nadie.

Brillar sin-capa

El papel que la llevará al estrellato no es el de salir al rescate de cualquiera, dejando su vida desprotegida, a la vista de depredadores, y a expensas de la compasión que otros guarden para ella.

Tal vez ha llegado la hora de escribir su guion, de llegar más temprano. De quitarse la capa, y taparse con ella los ojos cuando le entren ganas de salir de su vida para interpretar un papel que no es el suyo.

Ha llegado la hora de parar sus propios balones, de que la cámara le enfoque, de brillar en su interpretación.

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