
Mi vida, la de cualquiera

La vida, la mía, tal vez la de cualquiera, como ese viaje cargado de momentos irrepetibles y de lugares a los que probablemente no vayamos a volver jamás.
Mi nostalgia, que necesita de la chispa más minúscula para arder en llamas. Que con su fuego transforma cada instante en una estampa bucólica que no va a regresar, y a la que en cambio siempre vuelvo. Con el recuerdo, con la imagen, con la voz…
Mi drama, esa forma intensa de sentir cada emoción. Esa en la que a veces me revuelvo dejando que todo se multiplique y se magnifique.
Mi vida. Ese castillo cargado de deseos. Algunos confeccionados, otros todavía en forma de patrón, y aquellos hacia los que no sé si me dirijo o me alejo, o si simplemente están ahí para mantenerme viva en ese afán de verlos brillar hechos a medida.

Pero es que sigo creyendo que los sueños se cumplen. Que nada es tan importante, y sin embargo, hay que ser constante y tenaz en aquello que se quiere de corazón. En ese empeño que nace de las entrañas. Creo en este momento, aunque a veces caigo en el catastrofismo y dejo que lo derribe todo para alzarlo de nuevo, una sonrisa, una visita, una canción, un café después.
Creo en la vida. La mía, la de cualquiera. Es transformación, cambio constante y, por tanto, nada a lo que aferrarse más allá de sentiros conmigo en el vaivén de las olas, en cada instante que va y viene. Sentirme más acompañada que nunca y entender que la distancia física nada tiene que ver con saberos siempre conmigo. Con llevaros allá donde voy y ayudarme a hacer grande lo que veo, lo que vivo. Lo que vivimos.
Lejos de las pistas de carreras sin meta, en las que a veces yo misma me encierro, la vida, la mía, la de cualquiera, es saber estar en ese ir y venir de estaciones. En ese florecer para después detenerse en una nueva época de reposo. Es saber despedirse de lo que se va. Con escucha, con cuidado, y a su vez, despertar una nueva esperanza que de lugar a lo que sea que esté por llegar.
Es música. Cada una en su momento, cada cuál más acertada, cada letra más yo. Es esa búsqueda del amor, de la calma y del propio conocimiento. Por saber aquello que nos apasiona, que nos mueve, que nos ilusiona. Por llevarlo a cabo un tiempo cada día y ser capaces de ser eso que queremos ser.
De sentir una vida plena, y ser a veces agua y a veces roca en mitad del río que sigue su curso.

P.D. Yo hoy quería contar una historia, y sin saber cómo, he acabado hablando de una vida, que espero que no esté tan lejos de la tuya, porque te pienso en cada tecla que pican mis dedos.