
El aleteo de las mariposas

Me han hablado del aleteo de las mariposas, y esas alas que se agitan sin volar, han zarandeado mis cimientos y te han despertado. No tienes un sueño constante, pero cuando descansas, te miro y respiro flojito para no desvelarte. Sé que cuando estás despierta luchas por salir, revoloteas intentando volar en libertad. Te esfuerzas tanto, que al final el agotamiento te lleva a descansar de nuevo. Reposas en lo más profundo de mí, a pesar de ser la que más color le dio a la vida. Llegas de tan adentro, que solo pensarte arañas y rasgas la piel.
En ocasiones parece que te hayas desvanecido y no vayas a despertar más, pero eres como yo, y no te rindes.
A menudo me pregunto si todo el mundo tendrá una. Esa pena. La más pequeña y a la vez la más intensa. La más viva y poderosa.
Yo te tengo guardada. Te resguardo mientras no estés preparada para echar a volar. No tengas prisa. Puedo sostenerte. Todavía puedo sostenerte mientras recuerdo como fue la forma de tu presencia antes de transformarte en silencio. Cuando eras un suspiro aliviado y la mayor libertad que he logrado sentir. Será por eso, que desde que no siento el aleteo de las mariposas me falta el aire.
Mi nerviosismo por sentirte se apagó, pero me dejó esta pena que se sostiene como una mariposa entre mis manos.
No sé qué será de mí mañana, pero sé que seguiré recordando el aleteo de las mariposas. Seguiré siendo hogar para esa pena que todavía no alza el vuelo.
Tendrás a dónde ir. Seré tu refugio. No me importará sentir que se cierra el pecho. Sé que estarás despertando, lo estarás intentado de nuevo, sé que eres tú.

No te rindas, lograrás alzar el vuelo. Lograrás volar en libertad.