
Chocolate con sal

A veces me da la sensación de que te molesta mi alegría, pero es que mi felicidad no excluye la tuya. Al contrario, juntas suman más.
Ven conmigo, no me gustaría dejarte atrás en esto, sólo es que no puedo parar para esperarte.
Una vez te has soltado, la fuerza de la gravedad pone el acelerador, ya no hay vuelta atrás. He descubierto una vida más coherente. Me siento bien aquí.
No me puedes pedir que vuelva a mi propia cárcel, ahora que he logrado la libertad.
Voy a seguir adelante, he tomado la decisión. No pretendía excluirte, lo cierto es que pensaba que me acompañarías, pero a veces no estamos en el mismo momento, y eso nos obliga a distanciarnos.
Tú vas a seguir poniendo canela al café con leche, y yo voy a seguir leyendo en voz alta.
Tú insistirás en poner sal al chocolate, y yo me empeñaré en hacer jabón para el baño.
Persistiremos en la multitud de cosas que seguimos haciendo a nuestra manera, y que ya habíamos aceptado el uno del otro, y cuando lo hagamos, por unos segundos volveremos a estar juntos.

Nadie gana y nadie pierde, esto es la vida, a veces coincidimos en nuestros propósitos y deseos, y otras, simplemente no lo hacemos. Hay cosas que podemos aceptar y hay otras que no.
Es natural, seguimos en nuestro viaje sabiendo lo maravilloso que ha sido habernos encontrado.
No quiero que suene frío, pero es que por unas líneas, tampoco quiero dejarme llevar por la emoción que envolvería esto, de un aire más entristecido. Eso ya vendrá. Por ahora, me basta con saber que sin todo lo vivido, jamás lo habríamos logrado.
Me llevo ese cuadro para colgarlo en mi salón. Aunque nadie más lo sepa, será el lienzo que me devuelva a este lugar de paz, cuando allí me falte.
