El camino en dos

El camino en dos

Una lanza parte El-camino-en-dos

En la vida, no todo acaba bien. A veces un imprevisto toma forma de lanza, parte el camino en dos, y te deja del lado que no te permite avanzar.

El planeta parece seguir rodando en el otro lado, pero no tienes forma ni fuerzas para llegar a él.

Te sientas, lo observas, esperas.

¿Qué esperas? Quizá a que todo pase, quizá a que no haya pasado.

Te dicen que debes seguir, que la vida no te espera. Y te levantas, y caminas, y hablas sin saber qué decir.

Estás en un mundo que no rueda, y andas difuminada en él. No tienes peso, tampoco ligereza, simplemente vagas, como si fueses un fantasma y pudiesen atravesarte.

Y no sabes cómo, vas al trabajo, y actúas con normalidad, y por unas horas te olvidas del lado de la carretera en que estás.

Pones la primera, y aunque despacio, marchas, y aunque a trompicones, avanzas.

Avanzas hasta que sales de allí, te sientas a tomar una tila, y tu espalda se curva, y tus hombros caen, y vuelves a mirar al otro lado de la carretera, y vuelves a ser fantasma.

Pasan meses, hasta que sin entender de qué modo, un día pides una manzanilla, y más adelante un té, y por un momento te das cuenta, de que esa camarera te ha sonreído todos los días cuando tú ni siquiera te acordabas de que antes también lo hacías.

Y a partir de ahí, le sonríes cada día desde la puerta, y parece que sin saber cómo vas tomando forma, tu cuerpo se va irguiendo, tu piel se va volviendo rosada, tus ojos vuelven a ver en color.

Y cuando alguien viene de frente, te apartas para no chocar, porque tu cuerpo va cogiendo peso, porque vuelves a caminar entre la gente, porque no sabes cómo, has llegado al otro lado de la carretera.

Un puente une lo que antes había sido El-camino-en-dos

Entonces paras, miras atrás, ves el lugar donde “no” estuviste, y observas que entre ambos lados del camino, mil manos se han unido para construir el puente que te permitió cruzar.

Y te vuelves agradecimiento, porque aunque todavía queda trabajo por hacer, la misma vida que lanzó la lanza, te tendió mil manos para seguir.

Las mismas mil personas que te cruzaste cuando no las podías ver, te ayudaron a dar un paso más.

La imagen representa las mil manos que le ayudaron a cruzar el puente.

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