
Lo natural

Lo natural es enraizar.
Que el árbol se agarre al suelo con sus numerosas raíces, para poder absorber el agua.
Que el tronco, con los años, se despliegue y ramifique para dar paso al nacimiento de sus hojas, y que éstas, florezcan y den fruto.
Crecer, desarrollarse siguiendo el ciclo de la vida, y alzarse al cielo en busca de luz, en busca de sol.
Lo natural es superar la fuerza del invierno. El frío, los días cortos, las noches más largas. Las lluvias que inundarán los árboles, expectantes ante las extensiones de nieve.

Llegar a la primavera. Que las temperaturas se templen. El deshielo, la floración de las plantas, el despertar de los animales. Los árboles brotando y floreciendo de nuevo, para dar paso al verano.
Que la estación más cálida, la más seca, la de los días largos y las noches cortas, observe como las flores de los árboles, se transforman en frutos que caerán en otoño.
Y que en la nueva estación, de nuevo comiencen a descender las temperaturas, las hojas de los árboles cambien su color, y finalmente el viento las haga caer, cuando su función ya haya sido cumplida.
Por ese orden, lo natural podría haber sido, que una vez hubieses llegado a la cúspide, tras tiempo cabalgando con la lucha, te hubieses sentado a descansar, guardando el curso de la vida.

Luchabas con tu dolor, con el paso de los ciclos de tu cuerpo, que parecían haberte llevado a un momento de fragilidad, pero también de paz, de serenidad.
Podrías haber vivido en calma, sustentando el aliento, contemplando desde allí el nuevo ciclo de la vida. Quizá el último de tu cuerpo.
Podrías habernos dejado ahí, sabiendo que acabaríamos encontrando la salida en algún momento. Pero por tu experiencia, también sabías que si nos indicabas, ahorraríamos esfuerzo y sufrimiento.
Intuías que muchos andábamos perdidos, como lo habías estado tú, en busca de ese sendero que nos llevase a la cima, a alguna cumbre, a algún lugar donde aprender a valorar el calor del sol.

Preferiste transformar el orden de las cosas. Descender de nuevo en pleno invierno.
Desanduviste el camino, sin miedo, hasta encontrarnos todavía extraviados, buscando alguna señal, abriéndonos paso entre la nieve.
Nos acompañarías, guiándonos por los caminos más gratos. Contándonos cuánto valía la pena ese esfuerzo por alcanzar la cumbre, por estar allí, presenciando la belleza de cada momento, la simplicidad de lo natural.
A pesar del frío, de los ríos que tendríamos que atravesar provocados por el deshielo. A pesar del calor del verano y los vientos del otoño.
Todo valía la pena, como mereció la pena observar boquiabiertos tu humildad y superación. Tus ganas de recordarnos lo que a estas alturas, ya habíamos olvidado.

Lo natural es responsabilizarnos, vivir respetando el orden de las cosas. Vivir. Vivir ahora. Vivir cada día de cada estación.