
Cuidar de ella misma

Es miércoles, pero no un miércoles cualquiera. Al despertar, y por algún tipo de movimiento de los astros que desconoce, ha pensado en la idea de empezar a cuidar de ella misma.
En su vida, ha atendido a todo y a todos, pero en esa entrega constante, se ha olvidado de sí misma, se ha dejado de lado.
Tan sólo se siente presente cuando dispone de algo que ofrecer. Toda dedicación le resulta insuficiente.
Por más que da, no se acaba de quitar del cuerpo, esa sensación de que podría hacer alguna cosa más, ese no acabar de sentirse orgullosa.
Su cuerpo se ha vuelto volátil en un intento de reclamar su atención, pero ella ni se ha fijado, y si el viento sopla con fuerza, puede levantarla de un soplido y llevársela con él.
Hoy ha amanecido distinta, pareciera que en las horas de sueño, y después de la charla de ayer con su amiga del alma, algo ha rodado y ha cambiado.

Mientras desayuna café con leche y tostadas, ha visto amanecer tras la ventana, y se ha planteado hacer algo distinto, algo que la acerque a esa idea de cuidar de ella misma, que ayer la dejó algo inquieta.
Sin pensarlo demasiado ha salido a dar un paseo, y aunque se sentía algo extraña, enseguida su cuerpo se ha recolocado y erguido. Su mirada se ha alegrado.
Ha buscado una brocha para alzar el color de sus mejillas, para después frotarse con un trozo de papel higiénico por si se hubiese pasado de tono, y ha tenido una mejor sensación ante el espejo.
Con su color rosado, ha puesto en marcha las tareas que compensarán su auto entrega, y calmarán un cierto sentimiento de culpabilidad.
Pero mañana al despertar, después del paseo y sonrosar las mejillas, incluso se preparará un plato de comida caliente, para nadie más que para ella.
Se sorprenderá al descubrir el mundo más cerca, al comprobar que atenderse, le acerca a fijarse mejor en los demás.

Les explicará cómo de bien se siente al comprender que también necesita ser cuidada, y que puede cuidar de ella misma.
Ahora se pone música, se sienta en la terraza, lee libros y dedica espacio a meditar.
Pasará un tiempo hasta que llegue el verano, cuando será la misma y será otra al mismo tiempo.
Será responsable de sí misma. Como haber renacido en un mismo cuerpo que sonríe satisfecho y se atreve a mirar al frente.
Se dará a ella todo lo que fue para los demás. Se sentirá feliz, se sentirá útil, y su empaque y entrega pasarán a ser presencia, a ser escucha, a ser afecto.

Reconocerá la parte más amable, bonita y optimista de la vida.
Engrandecerá hasta llegar a concluir, que tal vez no fue tan difícil reparar, lo que siempre había pensado que no podía cambiar.
La vida contará para todos por igual. Creerá en los astros. Será un pequeño milagro y su pequeña revolución.
