
Migas de pan

Algo lejano a la razón, me ha traído hasta aquí, con la intención de transmitirte mi agradecimiento.
Me llega y me llena, el amor y la grandeza de tu presencia.
Te acaricio la mejilla mientras giras la cabeza hacia mi mano para recibirla. Por eso estamos aquí, porque nos damos y nos recibimos.
Te doy las gracias por haber esperado en calma, hasta que me he atrevido a llegar a este lugar, en el que ya no hay excusas para mostrarse. En esta ocasión no hay nada que dudar. Todo se recoloca y encaja en la línea del corazón.
Y no sólo no has tenido prisa, sino que me has ido dejando migas de pan hasta que he logrado reunirlas todas.
Hace falta coraje para no abandonar, y andar desmigando el pan a mi ritmo lento.
El cielo al fin puede descargar la lluvia acumulada, que arrastrará las migas del camino para dejarlas allá donde ahora, alguien las necesite.
Espero que ese alguien reciba también mi gratitud, por haber tenido que esperar hasta hoy a que le llegara su tiempo.
No sé si podrás escucharme, pero si lo haces, no dejes de seguirlas. Aunque dudes, confía. No dejes de seguirlas.
A ti, que estás conmigo, déjame que prepare algo bonito para agradecértelo. Déjame que te escriba, que te acoja, que te guarde la mejor de mis versiones. Permíteme entregarme a ti y a este momento.
Ahora me toca a mí ir repartiendo migas de pan.
Salgamos a esa panadería que tiene el cartel de bienvenidos colgado en la puerta. La de las sillas y la mesita de la entrada decorada con flores de algodón. Dejemos que nos reciba la sonrisa atenta de su dependienta.

Vayamos a comprar pan. Ha llegado mi turno.
Espero ser tan paciente como lo has sido tú, amor.
Espero estar ahí, cuando otros lleguen.
