Un simple momento

Un simple momento

Un-simple-momento

El reloj dice que es media tarde, pero ya hace un rato que ha caído la oscuridad. Claudia se toma un descanso, y se levanta a por un trozo de bizcocho de naranja. En principio es un simple momento que aprovecha para mirar desde su ventana, hasta allá donde alcanza el brillo de las luces de neón.

Pareciera que mirara al frente, pero lo cierto es que está echando la vista atrás.

Las calles vacías le han recordado las tardes de Navidad. De recogerse en casa propia o ajena. De mantenerse en el abrazo y el calor que esos días le aportan. A las sobremesas donde había gente que ya no está, y otra a la que ya hace tiempo perdió la pista.

Le viene a la memoria el recuerdo de Carlos, haciéndolo presente de nuevo.

A veces olvida el tono de voz de algunas personas del pasado. Olvida sus gestos al caminar. A veces incluso las facciones de sus rostros. Entonces se esfuerza por definirlas nuevamente, pero apenas logra un boceto de lo más minimalista.

No es su caso. A Carlos le recuerda con detalle. Menudo, atento, y de gesto tierno. Lo puede ver actuando ante ella como si hubiese vuelto a esa tarde, o todavía mejor, como si esa tarde fuese esta.

Observa los movimientos y las acciones que le llevan de un lugar a otro, y entonces se da cuenta. Hoy sus gestos le fascinan, le hablan, le transmiten un constante aprendizaje, que en su día pasó desapercibido.

A Claudia le ocurre, que aprende de personas del pasado, de hechos que quedaron atrás. De quien transitó sin más artilugio que el simple encuentro, hasta que una tarde como esta, despierta su recuerdo y parece descifrar e integrar lo acontecido.

Como Carlos, que estuvo ahí, con la intención de mostrarle un entendimiento, para el que todavía no estaba lista.

Para lo que sí estaba preparada, era para recoger y guardar ese día en su memoria. Para traerlo hoy aquí, en esta tarde oscura y luminosa a la vez, y darle el valor que no tuvo, mientras merienda bizcocho de naranja.

Bizcocho-de-naranja

Y es que en ocasiones, comprende las cosas mucho tiempo después, cuando está dispuesta para recibirlas, para aceptarlas, para admirarlas.

Cuando se siente lista para agradecer lo ocurrido en una parte de ella, que es la más poderosa, la más consciente, la más viva. Esa parte donde todo respira, y cada latido de lo ocurrido se une con el suyo, formando un único pálpito.

Y ahí es donde se siente orgullosa por el simple hecho de haber estado en ese momento.

Por haber observado y retenido en su memoria y en silencio, la danza que transcurría ante sus ojos. Por permitirse verla hoy de nuevo, y comprender el sentido de cada movimiento, las formas que toma cada aprendizaje.

Moldes-Un-simple-momento

Porque los gestos, las palabras y las miradas perduran mucho tiempo. Mucho más que un simple momento.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *