Volver

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Se fue hace tiempo, pero desea volver. En aquel momento quería estar lejos, nacía una necesidad de dentro de ella que la empujaba a marchar. No podía con todo aquello, se le hacía grande, le pesaba a las espaldas sin apenas dejarla caminar.

Era joven cuando tomo la decisión. No sabía muy bien que anhelaba, sólo entendía que no quería estar allí. Veía la libertad afuera y saltó a por ella, como quien salta al ring. Necesitaba sentirse y hacerse fuerte, y lo cierto es que lo consiguió.

No está orgullosa de todo lo que ha hecho para lograrlo. De algunas cosas se desdice, otras incluso la llevan a sentir la mala conciencia en todo su esplendor, cada vez que alguno de sus actos le vuelve a la mente.

¿Por qué no podrá simplemente olvidar o dejar de acercarla a esos hechos?

La mente a veces no da tregua, y a ella, todavía en ocasiones, la martiriza con esos recuerdos.

Es indiscutible, no se siente orgullosa, pero lo hizo, y a decir verdad, sabía lo que hacía, pero no creía que pudiese actuar de forma distinta. No sabía encontrar otra versión de ella.

A cada paso golpeaba a todo aquel que se cruzaba por su camino. Especialmente si era alguien que le importara y, aunque no lo reconociera, alguien a quien quería. No prestaba atención a las reglas y tampoco era algo que anduviera planeando, simplemente lo hacía. Salía de su interior de la forma más natural y menos amable.

Una palabra hiriente, un mal gesto, una acción desafortunada. Cualquier variante podía surgir de ella y hacerla volver a su furia constante.

Cascada Volver a su furia

Desconocía el motivo de estar tan enfadada, simplemente era algo con lo que cargaba desde pequeña.

El enfado era pesado para ella, no le gustaba sentirse así, pero tomaba forma y vida en los rincones más recónditos de su cuerpo.

Esto último no acababa de resonarle, y pensó que debía aislarse de todo ese alrededor como principal causante de su enojo y desgana.

Llenó un par de maletas, y sin apenas decir adiós, cerró la puerta de la casa donde había crecido.

A quilómetros de allí, la vida tampoco fue fácil. En ocasiones incluso llegaba a tener la sensación de que se le complicaba por momentos. Tanto lo de fuera, como lo de dentro. Todo aquello se convirtió en una disputa difícil de arbitrar.

En ese ring entraban relaciones tan dolorosas como las suyas, entraban verbos ofensivos, versos humillantes, malos tratos hacia ella mismo.

Fuera del cuadrilátero quedaban la autoestima, el valor, el cuidado, la protección.

Era una chica inteligente, y un día, tras entrar en combate una y otra vez, creyó que había llegado el momento de partir de allí, como en su momento lo había hecho de su casa.

Una-cometa-representando-el-círculo.

Tampoco esto fue fácil, pero la lucha no le asustaba, a ella sólo la encogía el amor.

Se quedó sola por un tiempo largo. Le sirvió para parar, observar el mundo de fuera, dejar que se colase algún rayo de sol en su interior.

Nadie se le acercaba, pero tampoco lo anhelaba. Ansiaba saber como era eso de estar con ella misma. Encerrada en su malestar, no recordaba haberlo hecho antes.

Salió a caminar, y no dejó de hacerlo hasta que por puro cansancio, se iban destensando algunas cuerdas apretujadas por la presión de los años. No fue el primer día, ni tampoco el segundo, fue después de meses que logro desanudar algunos nudos y después de años que logró dejarse caer.

Ella creía en el combate como salida, pero la libertad llegó con la rendición. Su juego ganador fue dejarse vencer, dejarse sacudir por sus propios golpes.

Ganaba el torneo a la vida en cada entrega de guantes, en cada retirada, en cada volver a ceder una batalla.

Guantes-de-boxeo

Fue ahí donde su interior parecía empezar a derretirse. El sudor de la pelea se convertía en agua que arrastraba el dolor de los impactos recibidos, los asaltos contra ella misma.

Y el agua, en su curso, suavizaba las esquinas puntiagudas de las rocas, en piedras redondeadas, que hacían más ligero el fluir de sus emociones retenidas.

Las piedras, como los cantos rodados que marcan el cauce del río, fueron ordenándose en los bordes, de tal modo que le indicaban el camino al autoconocimiento, a la sanación.

El camino que la llevó a volver, ya con los guantes colgados. Reconvertida y acompañada de la joven que un día marchó enfurecida, y a quien deseaba mostrarle el lugar del que partieron antes de la transformación, siendo ella y siendo otra.

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