
Se ha mudado

Acostumbrada a vivir con gente alrededor, se ha mudado, como quien muda la piel, a este pueblo en el que todavía no conoce a nadie, ni para eso del saludo pactado en la panadería. Pero le gusta el olor de su casa, se siente bien en ella, y cada mañana le dedica el orden que necesita para darle calidez, y notarse en sintonía con ella.
Luego transcurre el día, y al caer la noche, a veces le invade el frío del silencio desconocido, y la reciente sensación de ausencia alrededor, que le enfría la piel y se arrapa a su cuerpo como un traje de neopreno. En la oscuridad del anochecer, la vida en el interior de su hogar, respira más despacio.
Claudia es una chica tranquila aunque se abrume, valiente aunque se desdiga, y poderosa aunque se sonroje. Se ha mudado aquí con una intención. La de recomponerse. Hacerse un hueco en mitad del tránsito de los días que han dejado de remolcarla.
Ha empezado a quedarse atrás en esa vorágine. Ya no le parece que pueda alcanzarla, y a decir verdad, tampoco la echa de menos. Día tras día veía cómo se iba alejando, y ha dejado de apresurarse para cogerle el paso, más bien al contrario. Ha aflojado la marcha. Cree que ya vendrá una nueva oleada a la que subirse a surfear la ola.
En ese quedarse atrás, ha decidido retroceder un paso más y venirse a este lugar. Aquí el ritmo es distinto, lo marca ella y su transitar sereno. No porque no tenga prisa, sino porque las piernas ya habían empezado a flojearle. Parecía que en cualquier momento fuesen a doblarse por tanto esfuerzo sin apenas descanso a cambio.
A veces se apura, no vaya a ser que para cuando llegue la ola, ella ya haya olvidado cómo remontarla. Pero no esta noche. Ésta es una de esas que queda paralizada por la extrañeza. Una de tantas, en que tiene la sensación de que la vida la adelanta por la izquierda, mientras su coche viejo en subida no alcanza la velocidad mínima.
Sostiene que lo logrará y la vida la esperará al llegar a lo alto. Todavía se está recomponiendo, y aunque el mundo va apresurado ella asimila lentamente. No recuerda haber tocado nunca ningún otro compás. A pesar del aparente sosiego de sus pasos, aquí está. Aquí encenderá la llama y la noche será más clara, más pacífica, menos temblorosa.
Se ha mudado a este pueblo, confiando como lo hizo siempre, en que todo está en su lugar y este es ahora el suyo. El espacio que le aporta el aliento suficiente para creer que ascenderá a la cresta. No le cabe la menor duda. Subirá a la oleada más alta, y la surfeará ágil, fuerte y estable, como si de ella misma se tratase.
