
Sin esperar más

Sin esperar más, me calzo mis botas aterciopeladas de tacón, mi bufanda de lana por estrenar, mi abrigo rojo que nunca me he atrevido a llevar. Camino sobre adoquines, ando en mitad de esta marea de gente que pasea entre aparadores iluminados, sintiéndome una más, dejando que me lleven a alguna parte, donde poder despegar sin mirar atrás.
Quería salir de la mano de un pellizco en el alma que no llega, así que salgo sin él. Quizá alguien, quizá algo me aguarda en algún lugar, pero siempre he elegido esperar.
Esperar que se enfríe el café en verano, que se caliente la casa en invierno, que empiece esa canción, que llegue el estribillo. Quedarme por si vienes, por si ya te has ido y vuelves de nuevo, esperar la oportunidad en la puerta o a ti en la escalera. Esperar a que me mires, que no me pilles mirándote, esperar a que me encuentres y no salir a tu encuentro.
En el meollo de la ciudad tampoco me espera nadie, pero me siento arropada, sobrecogida por esa gente de la que sólo logro ver su bondad, su sonrisa y el brillo en sus ojos a falta del mío. Me acompañan sus guantes y sus gorros con pompón, sus mejillas enrojecidas tras tomar un chocolate caliente, su caminar sin esperar.

Me acogen las bombillas templando las frías calles de esta tarde de invierno, iluminando incluso mi corazón que dejó de hablar por no ser atendido. Que se acomodó en la espera, en la escucha, en la sombra de la sobriedad. Dejó de mirar a sus ilusiones, a los sueños de color de rosa, a los ojos de toda esta gente que sale porque ya no espera.
Como tampoco yo voy a esperar más. Se me achantan los hombros, se me tropieza el alma, se me da de bruces la vida a la que no me atrevo a mirar, si no soy capaz de arriesgar.
Mejor dejo caer la espera, abandono estas cuatro paredes entre las que ya no encuentro la puerta de salida.
Como para abrirte cuando me vengas a picar…
De todas formas no lo hagas, no estaré, salgo de la mano del intento, del atrevimiento, de lo posible. Aúpo al corazón y me voy sin esperar más, haciendo de él un algodón de azúcar, que en cualquier momento echa a volar.
