Bienvenida a casa

Bienvenida a casa

Bienvenida a casa.

Volver al hogar. Que te reciba ese rótulo de bienvenida a casa. Tomarte tu tiempo. Guardar ese espacio para regresar a ti, para retornar a mí, para el reencuentro.

Saber que estés donde estés, en un rato, en unas horas, llegará ese instante en el que no importará ya cuán difícil o pesado ha podido resultar el día.

Tener la certeza de que debo estar aquí, extraviada entre la duda, el estrés, el cansancio, incluso el agobio, porque este es el camino que al fin me llevará de vuelta a ti, de vuelta a mí.

Ese lugar será sagrado. Nos sentaremos con una infusión, con un café, con una limonada, con quién sabe qué, pero será nuestro abrigo. Que nada se cuele ahí. Que si algo se filtra, vea que no es buen momento y vuelva a marcharse.

A veces necesitamos del ruido y el desorden, para darnos cuenta de cuánto anhelamos el silencio y la calma.

Somos así, seres contradictorios. Nos formamos de opuestos, el equilibrio requiere de esfuerzo constante que en ocasiones se nos escapa. La fuerza de la costumbre nos arrastra. El impulso de la emoción nos remolca.

A veces, el victimismo puede ser de lo más seductor y ahí, ahí amigos es donde cuesta parar, mirarle a los ojos, reconocerlo, y darle una palmadita en la espalda.

Es demasiado pesado, demasiado gris, demasiado intenso. Un imán que nos lleva donde quiere.

Giramos en su órbita, perdemos el control, nos arrastra una fuerza gravitatoria, nuestro patrón emocional mejor sellado, y cuando nos damos cuenta, estamos tan sumergidos en él, que no sabemos ni como hemos llegado allí.

Entrar es un impulso, un suspiro, pero salir… hay querida, salir es otra historia.

Cuesta encontrar el momento de decir basta. Hasta aquí. Que está bien, te agradezco tu presencia, pero ya está, te abro camino para que puedas pasar. Hasta otro día, porque sí, algo me dice que volverás.

No importa, te recibiré tantas veces como sea necesario. Lo sé, me encontrarás allá donde esté. En el trabajo, en la piscina o de compras. Estará bien. Aprenderé a aceptarte de nuevo y a saber que también formas parte de mí.

Habrá merecido la pena.

Una vez hayas perdido fuerza y logre desligarme de tu círculo, volveré a casa.

De un “culazo” cerraré la puerta tras de mí, soltaré sin mirar todos los trastos que cargaba sobre la mesa, al lado del cartel que me da la bienvenida a casa, me quitaré los zapatos y la goma que recoge mi pelo y me da dolor de cabeza.

Dejaré que la melena caiga con su marca permanente de la coleta (¿soy la única que una vez se ha recogido el pelo ya no puede volver a soltárselo, a menos que quiera llevar la melena perceptiblemente partida en dos? En fin, es otro asunto, a lo que iba…) y allí estarás, sentado en esa tumbona vieja de nuestra terraza, con dos tazas entre tus manos, y habrá llegado nuestro momento, nuestra paz y nuestra calma.

Terraza con tumbonas donde me esperas al llegar. Bienvenida a casa

Que nada ni nadie ponga su mano sobre esta burbuja. Esta pompa de jabón es lo más parecido a nuestro hogar.

Apagar las luces, encender una vela, o dos, o tres. Estoy en casa. Voy a darle al ON, a conectarme y a alimentarme de mí misma. Que en mí también hay cosas bonitas, saludables y luminosas.

Burbuja en la que nos encontramos al volver a casa.

4 thoughts on “Bienvenida a casa

  1. Nunca había apreciado tanto el silencio y la soledad (elegida) como ahora. Deseo y ansío ese momento mío y esta pandemia me lo está poniendo difícil. Gracias x tu escrito bonita, aporta mucho 😉

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