
Domingo

Adoro el sol en esta época. Podría pasarme horas, absorviendo cada uno de sus rayos sobre mi piel. Me templa el alma y relaja cada músculo contracturado de mi cuerpo.
Camino por la terraza mientras algo se destensa en mí. Doy vueltas alrededor de ella, queriendo unir todos mis pasos en línea recta, para que me lleven a algún lugar, a poder ser cerca de ti.
Llegas el domingo, al fin, llegas el domingo.
Ahora, incluso podría parecer que hace poco que te fuiste. El tiempo es así, a veces cuenta, a veces no. Pero lo cierto, es que este año, ha sido invierno y ha sido largo.

No te voy a engañar, me he sentido sola.
He escuchado la lluvia caer, y he querido que vinieras a abrazarme.
He hecho cosas, sí, pero todas marcadas por tu ausencia.
A esta casa le ha faltado tu olor, tu voz, tu presencia.
Tu creíste en mí, antes de que lo hiciera yo misma, y mira que ya tenía años cuando llegaste…
He ido a buscar flores. Con lo poco de esas cosas que era yo, y cómo me gusta ahora, que un ramo fresco de flores blancas y rosas, decoren la mesa del comedor y el estante libre de la cocina. Parece que hasta el caldo huele mejor.

Aunque soy consciente de que lo estoy tiñendo todo de nostalgia, lo cierto es que hemos hablado a diario por Skype, y he podido ver, hasta como te iba pesando el cansancio en la mirada.
¿Qué habrás visto tú en la mía? Espero que alegría, porque esa era mi intención.
Al fin. Al fin es domingo y son las 4 de la tarde. Estoy en el aeropuerto, acompañada por todos los nervios acumulados estos meses.
Se abren las puertas de llegada, y empieza a salir gente. Tras la cinta y las cabezas no veo bien, pero me parece verte al fondo.

Mi corazón palpita aún más rápido. Creo que me has visto, y que también el tuyo se ha acelerado.
He imaginado cada mañana este momento, pero hoy, ni un sólo pensamiento se ha activado en mí, simplemente mis piernas han empezado a correr a tu encuentro, y eso, que no sé correr.
Tras un abrazo largo, tirarte el sombrero al suelo, y dejar caer las maletas, para después recogerlas de nuevo, hemos abandonado ese lugar frío y atractivo a la vez.
Cuando llegamos a casa, y mientras hablamos como si el tiempo fuese a agotarse, sobretodo yo, nos sentamos a decorar las flores del comedor.
Preparo dos cafés y saco las galletas recién hechas, que no vamos a probar.

Te pregunto que veías en mi mirada cuando hablábamos a diario, y me dices:
–“Mamá, veía tu tristeza, disfrazada de alegría”.
Y vuelve a ser verano todo el año.
2 thoughts on “Domingo”
Es deliciosamente bello.
Gracias! 🙂