
El tren del desánimo

Habíamos quedado para merendar, pero me ha parecido que venía a bordo del tren del desánimo, y la merienda no era lo que más le importaba. La verdad es que a mí tampoco, así que he optado por subir con ella para acompañarla en el trayecto.
La locomotora del derrotismo venía cargada de combustible. Nos ha llevado a pasar por la incómoda impresión, de que todo el tiempo andábamos y desandábamos el mismo camino, dejándonos una sensación de mareo constante.
Más adelante, al mareo se le ha añadido la fatiga y el cansancio, diciéndonos que no dejamos de cometer los mismos errores, que curramos y curramos, sin lograr obtener los resultados esperados.
En la siguiente estación, una pancarta nos decía que estábamos en el camino equivocado, que por ahí no íbamos a llegar a ningún lugar en el que nos diera la impresión, de que quisiéramos quedarnos a vivir.
De repente, cómo si estuviéramos en el tren del terror, hemos entrado en un túnel en el que han empezado a atacarnos contratiempos, dudas, miedos, vértigos, impotencias, ahogos…
Ha habido un momento en que estábamos tan agobiadas, que hemos empezado a gritar, intentando expulsar de nuestros cuerpos los constantes ataques de los pensamientos negativos.
El tren se ha embalado de tal manera, que hemos dejado de dominar el control de los mandos, y ya no podíamos pararlo.
Avanzando a toda velocidad, y cuando parecía que habíamos llegado a un agujero negro sin salida, de repente nos ha enfocado un potente foco que ha cegado a los pensamientos que nos conducían, haciéndoles salir del túnel y poniendo freno a la máquina.
Un foco filtrado por una descripción distinta de la realidad, que nos ha hecho salir de la espiral, provocando un cambio, aunque fuese en parte, en nuestra manera de responder ante lo que nos estaba ocurriendo.
Tras el túnel, tras traspasar las limitaciones del juicio, aparecía una nueva oportunidad de modificar nuestro diálogo interno. El virus mental de los pensamientos negativos, por un momento ha dejado de propagarse, y tan sólo ha hecho falta dejar brotar un pensamiento positivo, para empezar a relajar nuestros cuerpos.

Una vez el tren del desánimo se ha quedado sin combustible, y el fuego se ha transformado en cenizas, hemos podido llegar a la calma. La vida ha vuelto a tomar orden, y nos hemos comprometido de nuevo con el momento.
Ligeras como si nada hubiese ocurrido, hemos bajado en la estación que nos lleva directas a la cafetería. Y ya, merendando, me ha confesado que necesitaba de alguien que la acompañase en el viaje, para traspasar al otro lado del túnel, y empezar a ver las cosas con una luz distinta.

A veces, cuando la espiral le atrapa, precisa de ella misma, pero también sentir la compañía de alguien que crea en ella.
2 thoughts on “El tren del desánimo”
Muy interesante y muy dinámico. Me recuerda a El Túnel de Ernesto Sábato y la metáfora del tren es perfecta si piensas la expresión en inglés “your train of thought”, en referencia al flujo de pensamiento.
Muchas gracias. Y gracias también por tu aportación.