Entre nogales

Entre nogales

Es domingo, tienen el día libre. El sol se ha hecho hueco a través de las nubes que cubrían el cielo esta mañana, y abriéndose paso entre nogales, entra ahora por la ventana de la cocina mezclándose con el humo que desprende la paella que hierve en los fogones. Empieza a hacer frío y han encendido el fuego a tierra que va calentando el comedor y los muebles rústicos, a la espera de que los platos sean servidos en la…

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Soltar

Soltar

Piensa, indecisa como de costumbre. Busca la manera de coger un camino sin dejar otro atrás. La unión no le encaja y algo le dice que no es posible, pero lo intenta, resistiéndose a soltar, a abandonar lo que la trajo hasta aquí. Tal vez haya una manera de andar más resuelta por la vida, pero ella, huidiza, se resguarda. Del frío que tiñe las calles de invierno y la humedad que cala hasta sus huesos, del peligro de una…

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Catorce minutos

Catorce minutos

Miro el reloj de la cocina de camino a la habitación. Pasa un minuto de las siete, hora a la que he quedado en la plaza del centro y de la que me separan catorce minutos a paso ligero. Corro, me siento en la cama, me pongo las botas, subo la cremallera, y paro ante el espejo para recolocarme el flequillo. Salgo con el abrigo en una mano y el bolso en la otra. Bajo las escaleras de dos en…

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Las arrugas de su frente

Las arrugas de su frente

Notarás que eres tú porque verás desaparecer las arrugas de su frente. Por algún mecanismo que se pone en marcha cuando te tiene delante, y que desconoce, cuando te mira se abre su frente, se expande su rostro. La misma tirantez de su piel provoca que se extiendan sus arrugas, pronunciadas de tanto fruncir el ceño. Le da pudor mirarte si le devuelves la mirada y se enrojecen sus mejillas si te tiene demasiado cerca. Como si le hubiesen pillado…

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Golosinas

Golosinas

De pequeña, nunca se conformaba si no salía de casa con unas monedas en el bolsillo que le permitiesen pasar por la tienda de golosinas. Las había de todas las formas, colores y grados de azúcar que puedas imaginar, pero ella siempre compraba tiras de regaliz. De esas que escasamente tenían espacio en la caja donde se exponían. Hoy sus días son como entrar en esa tienda de golosinas. Caramelos, chicles, gomas… En fin, que como todos, tiene días de…

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Cerrar los ojos

Cerrar los ojos

No ha pegado ojo, siente ese peso en la frente que le pide cerrar los ojos. Por si al bajar los párpados dejase más espacio libre al dolor, y éste, al sentir que le sobra sillón, reparte la congoja en su rostro, de forma más distribuida y menos dolorosa. Quiere cerrar los ojos, pero los abre. El cuerpo le pesa más de lo que se ve capaz de manejar. El ánimo está más que decaído, pero hace ver que no…

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El quiosco

El quiosco

Siente que se destiñe su vida, como también lo hacen las portadas de las revistas que expone en el quiosco. Esperan llegar a alguna sala de estar, a la compañía de un té, a amenizar un trayecto de tren a algún viajero solitario. Desean ser libres y ojeadas. Dar vida a los bancos de la rambla, distraer las esperas en los aeropuertos, arropar un domingo por la mañana a quien ha madrugado en exceso. Esperan divulgar, viajar y conocer a…

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Puerto de montaña

Puerto de montaña

Sin apenas darnos cuenta, se separaron los caminos de vida que decidimos andar. Quedamos suspendidos en el aire, unidos por una fina línea de contacto, que se redujo a cuatro palabras de ida y vuelta. Sabíamos, sí, que al otro lado seguía existiendo algo de esa amistad, pero apenas conocíamos ya, si los tiempos nos azotaban o abrazaban. Nosotros que solíamos adentrarnos en cualquier puerto de montaña, rehuyendo de autovías y carreteras convencionales, de pronto nos encontrábamos en una autopista…

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La tempestad

La tempestad

A veces te creo perdida y salgo a la lluvia sin paraguas y sin ropa de abrigo. Las calles no tienen cabida para tanta agua, de tal modo que esquivar los charcos se convierte en tarea compleja. Sigo adelante, consciente del barrizal en el que me adentro. No pienso, y de sentir algo, no lo veo. Sólo me dejo llevar por el impulso. La tempestad no se plantea cesar, por ahora yo tampoco. Cada vez cae con más fuerza, multiplicando…

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Perdonarse

Perdonarse

Ya lleva el abrigo puesto y el bolso cruzado. Anda nerviosa de un lado a otro del comedor. Va de la mesa al mueble del recibidor, del recibidor a la barra de la cocina, de la barra a la mesita del tocadiscos, y una vez ahí vuelve a empezar. No encuentra las llaves de su coche. No recuerda dónde las dejó. Se va hacia la habitación, aparta la ropa tendida, y busca en el bolsillo del vaquero que vestía ayer,…

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