Huyendo a toda prisa
Hemos salido huyendo a toda prisa de algún lugar que desconocemos. Salíamos dispuestos a correr, a darle al cuerpo el movimiento que no le hemos concedido en todo el día. Los brazos acompañaban el rápido ir y venir de las piernas, hasta que nos hemos dado de frente con el mar. Su quietud se ha encargado de encaminar nuestras manos a los bolsillos, y frenar el ritmo de nuestro andar, hasta que un pie se veía obligado a esperar paciente…