Hecha un ovillo
Es tiempo de despertar con el cuerpo encogido y hecha un ovillo. Así me protejo de la brisa que se cuela por las ranuras de las persianas, todavía entreabiertas. Sostengo la sábana bien agarrada en el pecho con las dos manos, y los pies se rozan entre ellos para darse calor. Me gusta esa sensación. Incluso el leve dolor de garganta que empieza a asomar, junto con el frescor que se desprende del ambiente, cuando el cielo se prepara para…