Maestros
Aún estoy subiendo las escaleras, y ya puedo escuchar las pezuñas de Luna, brincando por el piso, ante la emoción de mi llegada, a pesar de que siempre le hablo de mis maestros. Normalmente, no hay quién se resista a ese entusiasmo. Esa alegría no te da más opción, que sonreír y dejarte contagiar. Hoy es distinto. Me he sentado a su lado, a hacerle monerías, como en todas mis vueltas a casa, pero enseguida ha bajado sus orejas, y…